Notables poetas incluidos en Álbun Nocturno, blog adscrito a Arte Poética-Rostros y Versos

miércoles 9 de diciembre de 2009

tres mini relatos y un poema-miren eukene lizeaga

Miren Eukene Lizeaga, País Vasco, España








Abel y Caín





Juan y Pedro nacieron en Oriente u Occidente.
Siendo adolescentes, preguntaron a su tutor.
_¿ Porque nos amaestran en como tenemos que pensar, que sentir y actuar, aunque no estemos de acuerdo? _
El tutor aplicó la respuesta preparada para estos casos.
_Porque es necesario un criterio común para conservar nuestra civilización_
Callaron. La confirmación del adulto rotulado por la risa y llanto, les era revelada antes de tiempo. La soledad del ser humano los inició en su seno.
Juan se puso una venda deslizante en su cerebro, su corazón y su voluntad. Pedro no lo hizo.

Pedro fue un poderoso mandatario de Oriente u Occidente, que defendió y benefició a su país
A Juan, el médico, le faltaron años para, entre heridos, enfermos y necesitados de Oriente u Occidente, seguir recomponiendo el coste del beneficio y defensa del país de Pedro.








El ángel caído






Era un ángel que, todas las madrugadas, paseaba por las nubes para ver la tierra. Un día, se arriesgó a explorar las peligrosas nubes bajas. Pero pisó en falso, confundiendo con una nube la cima de una montaña. Murió, para resucitar en ser humano.
Desde entonces los ángeles solo pueden pasear por las nubes en grupo y con un buen guía. Y siempre hay ramos de estrellas, a los que posiblemente ángeles muertos que resucitaron en humanos pusieron nombres como Perseo o Corona Boreal, en memoria de aquel y de otros accidentes, en los que aventureros ángeles dejaron su vida.








La plaza






Vivió respirando vida desde el balcón, sobre las arcadas que identificaban la plaza donde se asentaba.
Los adoquines y las colgantes farolas entre los arcos que se abrían en “las de las puertas al mundo”, (así llamaba a los cuatro grandes arcos que delimitaban su vida) la amaban. Mutua fidelidad intacta plena de memorias compartidas.
Solo cuando llovía, el cristal empañado separaba su altar de inválida del reloj que oficiaba horas para ella.
Conocía a cada habitante. Cuando aparecían por primera vez en su cochecito y cuando desaparecían las menguadas siluetas.

Pero el ayuntamiento decidió renovar la plaza, incluidos piso y alumbrado.

El primer día de la obra, pidió que la arrimaran a la baranda. Justo cuando el reloj atronaba las 8, un camión cruzó “las puertas al mundo”. Entonces ella se volcó, para unirse a su amada vida.






“Vivir para los demás es la mejor manera de vivir para uno mismo"
Marcos Ana




Caen los refranes, sentencias, reclamos, consejos
que rechazamos, que admiramos
Declaraciones de buena voluntad
o temas de escarnio
Que nos impregnan, que se vician, que olvidamos…

¿Vivir para los demás es la mejor manera de vivir para uno mismo?
En esta, nuestra historia, de imprescindible autoafirmación,
en esta, nuestra historia, que nos arrastra a ocuparnos de lo inmediato,
de sobrevivir como personas en un caos de impotencias
¿Es una locura o un chispazo de sabiduría?
¡Tanto nos costó conseguir lo mucho o poco, que somos, que tenemos!
Es paradójico, que a pesar de nuestros límites, de nuestros egoísmos,
en el fondo sabemos que: “Vivir para los demás
es la mejor manera de vivir para uno mismo”
Porque la conclusión del ser humano es saberse en el Todo,
Transcenderse a sí mismo, en cada momento
es el justo sendero, el no fácil, pero inevitable destino

martes 8 de diciembre de 2009

tres poemas de isabel gómez

Isabel Gómez, Chile










Anti-mundo








Dios dirá que fui peregrina
que amalgamaba lluvias
en el corazón pretérito de las formas
y me arrastró el viento
en su remolino de llantos esotéricos.

Nos predecían todas las cosas
cuando la lámpara del mar intersectó mi risa
con infantiles noches venidas de tu vientre.
Pero estoy aquí, liberando ideas, olvidándome,
desafiando a las aguas con el mar de mi sangre.

Voy masticando lunas asoleadas
alargando alamedas siderales en tus ojos,
enterrando mi edad bajo los eucaliptos,
allá donde las gaviotas jugaban ajedrez
en las terrazas del infinito
mientras la tarde podaba muertes equivocadas.

Ahora, ya no quedan pueblos que me esperen
bajo la mesa triste de los días,
ya no desafía al viento mi voz lejana e ilógica.

Dime quién selló la hora desconocida,
quién se llevó la tarde que amaba
y esperaba mi paso por el mundo.

Dime en qué lugar del mundo mi voz será mentira.










Idioma triste









Debo entristecer ahora,
ahora que las palabrasto
can las sienes de mi sangre
y se eleva el idioma
de mi última alegría.
Debo continuarme,
escondida de eternidad y de silencios;
continuarme,
cuando las pulsaciones del tiempo
no encuentren dirección en el olvido
y el sol destruya
las polvorientas lluvias de mi sombra.
Debo oscurecerme, renunciar,
salir de adentro
con un desfile de tardes anunciando
mi recorrido pausado por el tiempo.
Debo decir algunas cosas,
aquello que el recuerdo
mantenía intruso en la inconsciencia
y de pronto cruza huracanes
y golpea ventanas y estrangula días,
mientras nos íbamos alejando
en el invisible holocausto de la noche.









Esquina del dolor








Pon tu cabeza sobre el mundo
miremos hacia abajo
ahora que el miedo es hermoso
y de buena gana
dejaría de contar estrellas en el vacío
Los números calzan plenamente con la historia
sólo las calles asumen nuestras sombras
como un mero recuerdo
Por años fuimos invirtiendo la risa
hasta desaparecer
La culpa envejeció las palabras que guardábamos
Somos inocentes
de tanta nostalgia golpeándonos el rostro.
La esquina del dolor nos sobrevive
el ojo de cierra
No hay llanto que no sepa regresar
Aquí todos nos quedamos inconclusos
El tiempo salta el muro
y es lenta la neblina de los cuerpos
La escritura atraviesa otra vez
el hueco de la noche
La esquina del dolor
La esquina del hombre me sostiene
Fragmenta la memoria
se echa al final de mi rostro
y se abandona
como un animal de espaldas al mundo.


lunes 7 de diciembre de 2009

cuatro poemas de fernando ruiz granados

Fernando Ruiz Granados, México









DINTEL





A André Cruchaga




La piedra eternal busca lo temporal
La esbelta columna que sostiene
El claro techo del cielo

El frontispicio del templo
Donde la luz de oro anima
Las figuras pétreas de los Dioscuros

La cóncava piedra de la clepsidra
Que guarda en su mano los instantes
Del inasible tiempo

El atezado bloque de granito
De las murallas imperiales
Que cubrirá la hierba

El diáfano estanque
Que contempla los jardines
Y cuya agua habrá de pervertirse

El poema que olvida
Los himnos y los trenos
El epitafio borrado por el limo

El cántaro roto de la sed
La sencilla piedra
Bajo la catedral del árbol







ENSAYO DE UN ÁRBOL





A Alexis Gómez Rosa





Ensayar un árbol en el poema
Asentar su raíz en el fondo blanco
De la hoja
Sembrarlo a la plenitud del día

Ensayar un árbol en cada poema

Orientar sus ramas
Hacia los cuatro puntos cardinales
Al Norte la rama del sentido
La segunda al Sur el rumbo
Al que emigran todos los pájaros
La tercera hacia el Este
El territorio donde nace la luz
Y soplan los vientos del solsticio
La última rama hacia el Oeste
El punto hacia donde fluye todo esplendor
El sitio en el que crece la noche
Y se confunden todos los árboles

Los árboles del mundo y los de la palabra








JARDÍN








En este lugar fue construido un jardín
En este lugar la luz levantó sus bóvedas
En este lugar fue sembrado el árbol
Cuya forma une al cielo con la tierra
En este lugar brotó la primera fuente
En este lugar nació el río de cuatro brazos
Que se extiende por los cuatro rumbos de la tierra
En este lugar todas las semillas rindieron fruto
En este lugar empezó todo

En este lugar el hombre nombró todas las cosas
A los peces del mar
A las aves del cielo
A las bestias de la tierra
En este lugar la mano desprendió el fruto

Si descansas tu oído sobre la tierra
Alcanzarás a oír sus antiguos murmullos
Si descansas tu oído sobre la tierra
Escucharás el vuelo del primer pájaro
Si descansas tu oído sobre la tierra
Escucharás tus pasos








CARNAC



Sobre este lugar ha soplado el viento
Sobre este lugar se han abatido todas las tormentas
¿Qué ocurrió en este sitio?
¿Quién erigió las piedras contra el cielo?
Frente a ti los vigías del rayo
La casa de las cuatro estaciones
Los pilares que levantaron el firmamento
Aquí el monumento que no se desplomará
Aquí lo que fue
Lo que es
Lo que nunca habrá de perderse

Escucha el canto del viento
El canto del cielo
El canto de la nube
Que corre por sus muros

Aquí se alza la piedra megalítica
Que mira arder y renacer los días
La semilla pétrea del mundo
Mira el fragor olvidado de la tribu
La memoria de los ritos antiguos
El horror del fuego
La fecha que tuvo lugar sobre la tierra

Aquí la piedra sin inscripciones
La eterna permanencia
El centro inmóvil de la rueda

Aquí la palabra indescifrable
Que no tocará el tiempo

domingo 6 de diciembre de 2009

tres poemas de diana e. vallejo

Diana E. Vallejo, Honduras



Amanecer




Hay conflictos
Ininteligibles
Acampan después de las seis
Son
Esas raquíticas ramas de sol
Que toman por asalto
el carbón de la media noche
lleva eras,
tratando de ausentar
la crepitación de los astros al estallar en caos
y crea...
y funde en las espuelas del latir
ese corcel de corazón
partido a la mitad
buscado del amor...

Pasa
inmerso en cavilaciones
quiere ser dueño de la vida, cata los cuervos
roba el aliento
encrespa el lecho de los muertos de gaviotas y galeones,
curte la piel de la tierra con tile espeso y meditabundo
ruega que los bullicios no lo socaven.

Pero no!
la lucha es una faena de dioses
los hombres encantados se mueren cada noche
El conflicto es la vida!!!

Es la arena de Roma.
El pulgar cabizbajo.
La punta en el pecho
La bala al azahar.

Penetrando...
Estallando en las venas
esa calamidad doliente.

El temperamento ahora es una auriga llena de carcoma
y las esperanzas vomitan en los ojos, el silencio
párpados caídos… todo en vela...
todo duerme.
La vida en tropel amenaza sus guaridas
y la lucha sigue
el oscuro, talla las montañas,
hierve en los océanos
y su cuadrícula de horas tienen una oportunidad de infra tumba
para no esclarecer de nuevo aquel espeso beso de amor entre los dos...

Déjale, ya no tienen escapatorias sus arrastres...
Los grillos arrecian la tormenta contra el silencio
Y el girasol le busca las huellas a la luz.

Tiene que andar a oscuras para que no le parta
el tallo
La sobriedad.

¿Quién huele en las madrugadas al viento?
Tiene ese olor, de las cerezas en flor
Del campo en grietas esperando la mies
Del candor susurrante de la lluvia suave al medio día
Y se siente leve, cómo el próximo ataque de vida pulmonar...

¿Quién arde en brasas de oro negro?
La campa de arena en fuga
Aquellos espirales secos
En dónde se cercenó al aliento...

¿Por qué acampas?
Tienes el cuerpo denso de oscuridad
Y te comes a gajos las alas
de la alegría

Vuelve a amanecer...






Corazón Depósito




Mi corazón es un depósito de rutinas
Un silencio sepulcral
Tedio…

Mis ojos que ven todo
Ya no sienten…

Mi piel no tiene nada que ver conmigo,
Mi ropa es mi presencia,
Mi corazón es un depósito
Y está vacío.

Amor y punto
Amor a punto final
es paseo de gemidos
una distancia quebrada
un eterno remilgo

Amor entre dos puntos
puede de encuentro llevarse
una paz que no pertenece,

Y puede vivir entre comillas
vivir plenamente angustiado
vivir en plena ignorancia
espacido de deleites,

El amor entre punto y coma,
y a medio cuerpo,
puede preñar grafitos
para parir recuerdos.

Puedo decir
que es un amor de punto y aparte
con olor a gardenias.

Es un amor
entre líneas,
tiene los cabos sueltos
y encarnada la vida.
(escrito en 1994)







Huellas




Se va deshaciendo el amor entre los dos
Como polvorín,
vaho de cigarro
amor de algodón.

La esquina de tus palabras se inclinan en mi pecho
Como una góndola de luz, cruces y embarcaderos.

El amor se queda a expensas
del amo de la tertulia
la caótica bruma de tanta gente
De los dedos capulín
Y las celosías temblorosas.

Y te repito
que como las uvas desgajadas
Se va deshaciendo este amor.

Y crece uno de paraderos
Fértil en tus manos
Como Dios que se tapa los ojos con el techo
Como nosotros dos...

Que vamos aglutinando nuestras iras
los colmos
la pericia de la paz en una casa

Emprender una odisea
y soñar en horas laborables
cincelar, en el balaustro
una seña de tu huella.

Sabes, noto
Que me llamas y todo se atolondra
En ese sinfín de recovecos
y los dedos que se mezclan con ternura,
Dudas y un dejo de soledad.

Y me amas,
Después de entender
Que éste amor se deshace
Se desperdiga
por el viento, por la hierática angustia
la calma que estrangula.

Por eso te digo, ¿Me escuchas?
Este amor se vuelve gajo a gajo,
Un temperamental frío,
La luz en añicos...

Sabes qué...
Él busca la raíz
El origen
Llega hasta nosotros,
De nuevo,
Que vamos de par en par.

sábado 5 de diciembre de 2009

tres poema de Marián Raméntol Serratosa

Marián Raméntol Serratosa, España




PASEANDO LA PIEL POR UNA CIUDAD PRESTADA






Naciste en la saliva, mujer de ojos flacos.

Oigo los altavoces que te cuelgan de los pechos
pero el mimbre de luz mojada
que te ha desatado el rostro
va formando ataúdes en el aire
y la vida te evacua, como un bulto seco
con la muerte fermentada en la mejilla.

Vives en la urgencia habitable, mujer de cejas trapecistas.

En qué laguna has abierto tu carne
a los besos inalámbricos, a los alacranes
que vienen a peinarte los labios derramados
sobre el silencio, a los fantasmas arrepentidos
de escuchar siempre lo que no dices.

Quizá tu tumba sea un incendio, mujer de vientre obrero.

Vas vacía a los parques, paseando la piel
por una ciudad prestada de gestos inaudibles
y cuerpo inconsolable, tan parecida a ti
que aunque te mire de lejos,
entra por tus ojos vivos
y subraya a los muertos que te cuelgan de la falda.



INFINITA, PERFECTA Y CON LA SANGRE CANSADA





Con mi cara en la última curva del viento
atravieso los huesos de la noche,
la nariz abierta de costa a costa,
para no perderme ninguno de los secretos
que guardan las vísceras de los cuervos.

Así te acompañan mis venas de cáñamo
con el perfume más triste amarrado a la ventana
y los días sujetando diez dedos de goma,
como un chiste de mermelada rancia.

Te me fundes
en la arena de un piano de cola muy negro
reventada de amor y agua,
y entre las piernas
un millón de acordes de tu fuga
sueñan con morir en el próximo parto.

Cuando los dioses bajan demasiado la voz
yo sigo manteniendo el equilibrio sobre los nombres,
asumiendo el riesgo de los acentos
en los límites atroces de tu huida,
porque contigo la respiración sale mucho más barata,
y las nubes son ahora las encargadas de ubicarte
en el mapa empapado de mis ojos.

Cada pliegue, cada mota
de esta ceniza extranjera en el alma,
te recuerda infinita, perfecta y con la sangre cansada.






ME DEGOLLARÁN DE PIE, CON EL CORAZÓN TAPIADO





Las arrugas del aire echan raíces
en el invernadero de mi historia,
un mapa falto de colores
donde el dolor picotea las verdades sin orgullo,
los dioses borrados por la tormenta, de tanto charco
y cubilete, de tanto callejón sin huída.

Llevo en las manos mal cerradas, imágenes
prófugas de una calma que no me reconoce,
metáforas que callan, repetidas a lo largo del barniz
que protege mis sueños de madera
y su llanto inflado,
llevo madrigueras donde echar a dormir
los secretos del incendio, las escaleras rotas,
el pelo blanco que no entiende el diámetro del cero,
los ojos que he quemado, el perfil de los temblores
y las tardes que me quepan.

El mundo es un poema de jabón
que limpia todo lo que pesa, las puertas
los hijos, y la fe colgada del perchero,
no me canso de decirlo
y aún así me degollarán de pie, con el corazón tapiado.
_________________
Leer más de Marián Raméntol Serratosa, en Arte Poética-Rostros y Versos.

viernes 4 de diciembre de 2009

tres poemas de consuelo hernández

Consuelo Hernández, Colombia




Burlando el poder





Otra vez esas botas asesinas
Pisoteando muchachas ingenuas…
Escapemos, madre,
por la puerta falsa
abandonemos este túnel rojo de puertas en serie
vámonos a la claridad de la casa campesina
y si nos confunde el ánimo
en la mitad de las rocas escarpadas
al borde de ese enorme precipicio
madre,
quítate tus zapatos
tómalos en tus manos
y sígueme descalza.






Hago trizas el miedo






El miedo me sigue
en la luna pagana
y el paso asesino
en la luz de los coches
a la hora imprevista
de la estrella más alta.

Viene con el vuelo del ave a medianoche
con el aullar del perro que ha perdido a su amo,
con el crujir del árbol que derriban los rayos.

Yo lo desafío minuto a minuto
a mostrarse entre luces
a rotar con la tierra bajo cuatro estaciones
a ahogarse en la lluvia voraz que me visita.

Pero el miedo trajina mis calles,
con el llanto anónimo de los peregrinos.
En el repicar de campanas
galopa en disfraces
y destempla mi canto.

Por eso hoy decido por un sol entero
hago trizas mi llanto,
hago trizas este miedo maldito
y con paso seguro
voy a la cotidiana claridad de la lámpara.







Algo ha pasado en esta casa





Algo ha pasado en esta casa…
por las puertas
por las ventanas
por todas las rendijas
entra el ulular de las sirenas
el dolor de víctimas de guerra
la rabia de los manifestantes,
el insomnio del soldado fatigado
con cuatro días de desierto en sus espaldas
y todos sus sueños suspendidos…

Algo ha pasado en esta casa
ya no encuentro paz en la pantalla
miro los árboles llorando llamas
y crujiendo al sentirse destrozados.

Algo ha pasado
y no sé dónde puedo arrodillarme
he perdido la llave de mi cuarto
no hallo el descanso justo en mi jornada
la cama se ha poblado de silencio
cerrar los ojos es martirio que sofoca
todo es un túnel oscuro y sin salida.

Algo ha pasado en esta casa.

jueves 3 de diciembre de 2009

Prólogo de Cuento absurdo a la luz de la luna

Portada del libro


Prólogo
Cuento absurdo a la luz de la luna

de Mandala Lapicero

Orland Verdú

Harmonie Botella vuelve a la carga con su último libro de relatos en su lucha por despertar la sociedad del letargo materialista en que nos despeñamos el siglo pasado, y en el que continuamos más o menos hundidos. Para la autora —a la que el apelativo novel le viene ya pequeño—, éste es su sexto libro. Uno de los más redondos y polifónicos; tanto en prosa como en temática.
Con Cuento absurdo a la luz de la luna, la autora crea un espacio narrativo de confesiones a media voz en el que —bien en primera persona, bien en tercera— la vida de los personajes discurre nítidamente a la luz del astro nocturno. Son cuentos que son vidas y vidas que parecen cuentos por su absurda realidad. Nuestra vida se ha vuelto lunática, deforme. Y así sus personajes son presa del fado, de su propio destino, construido sobre decisiones forzadas, en las que el libre albedrío es un lujo al que pocos pueden aspirar. A menudo, a través de la vida, nos volvemos autómatas. Nos alienamos al sistema y a la imagen lunática de nosotros mismos. Y la propuesta de la escritora es mostrarnos esta elección. Denunciar la sociedad y hacernos más conscientes de nuestra capacidad para elegir a pesar de los condicionamientos sociales.
El mosaico de personajes dibujado en este libro de 23 relatos es el retrato de la fauna humana que sobrevive en los vericuetos de nuestra sociedad. Personajes apedazados, reconstruidos, supervivientes o tótemes caídos en su propio vórtice. Muchos de ellos son carne trémula para el voraz fuego del sistema capitalista o para el destino inefable que se levanta ante ellos, convirtiéndolos en víctimas o verdugos. ¿Qué más da el papel? La mayoría de los personajes de Harmonie Botella son esclavos. Bailan la danza que les ha asignado el dedo invisible de quienes manejan la maquinaria capitalista, claveteada y no en pocos apuros en estos momentos.
Historias de personajes que parecen reales, y que —pondría la mano en el fuego— son resultado de un exquisito proceso de literaturización de la realidad: historias ficticias a partir de seres humanos de carne y hueso. La autora es una genial observadora y, como buena escritora, sabe destilar el licor de las historias individuales y ficticias para levantar sus cuentos y, de paso, zarandear nuestras conciencias.
Y mejor será que el lector lo sepa desde el principio, porque está ante un libro de denuncia social. Y es que Harmonie Botella es de esa raza de escritores que luchan por sus ideales. Su vida y su obra son un ejemplo de su naturaleza rebelde, y su arma es el verbo y la poesía, pero también la acción social. Botella es fundadora de la Asociación de Nuevos Escritores de El Campello (ANUESCA), que organiza un encuentro de escritores y poetas anualmente; y es además activista en la Asociación Española de Afectados por Cirugía Refractaria y de la ONG Lápices. Es una mujer efervescente y tenaz, que persiste en su compromiso con la sociedad que le ha tocado vivir y que no escatima esfuerzos ni en su vida ni en su obra para crear un mundo mejor.
Y en cuanto a la poesía, a la música interna de nuestros sentimientos encarnada en palabras, y a la que Harmonie Botella ha dedicado gran parte de su obra, debo decir que el estilo de numerosos relatos aquí contenidos es un flujo poético refinado y envolvente. Por citar algunos: Noviembre, Ojos pequeños y Oedipio, cuentos en que deja de lado el estilo de crónica biográfica en primera persona de otros relatos, y regresa al bálsamo de la poesía. Exhiben estos monumentos de prosa poética un uso refinado del lenguaje, el gusto por la palabra y por la plasticidad de las imágenes y un dominio prodigioso del color y de sus matices. En Noviembre la nostalgia del amor huele al marrón marchito de las hojas caídas.
En otros de sus relatos adopta un estilo más periodístico y directo, y tiende a rematar sus relatos con reflexiones sobre las confesiones de sus personajes. Y es que Cuento absurdo a la luz de la luna es un gran confesionario donde exorcizar las angustias que provoca el sistema de vida actual. Un espacio narrativo donde la autora ataca algunos de los valores míticos de nuestra sociedad; como por ejemplo la idea del sueño americano: «los países modernos donde el hombre es un hombre si alcanza el éxito material». A estas ideas locas de progresismo, desarrollo, productividad y pragmatismo económico y emocional, contrapone la experiencia interior de nuestro espíritu. Un hombre es un hombre si alcanza y nutre su propio espíritu. Para Harmonie Botella «la humanidad tiene un alma», pero en el estado actual en que se encuentra el alma de la humanidad, harapienta y arrastrada por el traje económico impuesto desde arriba, no hay mucho espacio para el ser humano.
Así que estos retratos son descarnados y directos. Son 10
una bofetada en la cara lector para despertarnos del sueño de la Mátrix. Somos seres humanos, y no máquinas ni animales salvajes. Tenemos deberes con nosotros mismos y con los otros. Y los relatos de Harmonie Botella son una oportunidad de adentrarnos en las desigualdades y la inmundicia de nuestra sociedad y tomar partido. Literatura comprometida, vaya. Compromiso, vigor y fuerza en su escritura poética y cruda, es lo que encontrará quien quiera adentrarse en este salón de los espejos. Y quizá, y sólo si somos sinceros, pueda uno descubrir el reflejo sombrío de alguna parte propia, íntima, en alguno de estos personajes lunáticos.


Orland Verdú
Barcelona, 22 de junio de 2009

miércoles 2 de diciembre de 2009

TRES POEMAS DE ANTONIO JOSÉ TRIGO

Antonio José Trigo, España








Poemas de Antonio José Trigo


De: Rapsodia de lo oscuro ofreciente, (1989)





1. FRAGMENTO II






Antes de anochecer
-quieto tu cuerpo-
no sé qué paloma inacabada
punza mi piel con asedio sensitivo.

En la estancia inaplazada
se abalanza el oro fugitivo del reloj
que da la última hora: exacta cadena
de sesenta minutos negros
entre el ayer truncado
y el mañana predicho.

El mobiliario de puertas inconclusas
guarda los planisferios
que me conducen a ti, así lejana.

(El contorno de tu respiración azul
hiere la delgadez del espacio).

Al fondo, luz, suma dimensión,
total entrega.

Es el deseo de vuelta de otra vez
como las nubes innumeradas
sobre el torso azul de los caminos;
esas nubes (asimetrías obsesivas
del agua neutra; exangües pecios
de un gran naufragio),
que nos traen perdidas canciones de niño
en mil tardes inacabadas.

Coronada de rútilos incendios
en mí vienes como cayendo en no sentir,
mas, sólo me ofreces esta escritura dígita
de espejeante vaciedad,
de palabras temiblemente sordas,
que hoy mis manos ofician,
pues no tengo de qué vivir
a tu través anonadado.

Tú me inventas, te rehaces en mí.
Yo te nombro, excediéndome,
o aún mejor, me conformo
con acicalar tus mil colores abolidos,
de donde ya sólo me queda oír
el ruido de la sangre en la hierba
como un gran alboroto de pájaros;
ver pasas las nubes, el tránsito
de las nubes -culmen de mil rostros-,
con efímera ceremoniosidad;
ya sólo morir despacio
con la sensación implacable
de haber perdido algo para siempre:
una sombra de mí mismo,
un estridor súbito de ala sin pájaro,
que, como el borrador total tal del universo,
finca el cerco del molde que todo lo contiene.







2. FRAGMENTO IV







Golpeando los derrumbes de la luz,
vienes a mí, estibadora de mi sueño,
vienes a decirme al oído tu secreto
de materia solar sobre días frágiles;
tu secreto de piedra sedienta en torno del cielo,
de horizonte de agua acariciando
la rosa de las ruinas;
tu secreto que he de guardar
como el poema guarda la voz danzante
o como la tierra la semilla.

Mientras tanto, la danza, el rito,
que encierra acontecimientos primordiales,
agita del mar la luz nocturna
que me obliga a caer en lo vivido,
en la estancia sin idioma,
donde, a través de las palabras
que nacen para arder,
prefiero la condena a la duda
palpando el aire de no ser
más que sumisa ráfaga de ceniza.








3. FRAGMENTO VI







Es por ti que la noche se vuelve maternal
residencia omnisilente, hoguera ahuecada.

Es por ti que el horizonte
es un ala trunca o frágil laja;
línea final o luz provisoria
que no cede bajo el agua.

Es por ti que en la espesa tiniebla,
entre las sombras iguales apresada,
la luz graba sus runas de oro
y descuella insospechados vuelos sin alas.

Gozoso aún, como empezando a irme,
a tu sombra -raíz aventada-,
por el huir o camino de verticalidad
a donde conduce el tiempo para verse ascua,
me pierdo y me reencuentro.
Si nada soy déjame en la nada.

Retomas para abrevar el fuego, el aire;
Para devolver a la tierra, al agua,
El espacio desplazado del fondo de la noche
Donde el esqueleto de mi voz descansa,
Donde cabes por prodigiosas exenciones protegida
De la nada de ser, de haber no sido nada.

¡Ah cuántas veces te he creído
creyendo ciertamente que vivir entraña
crecer sin cómplices, del otro lado ya de los sentidos,
como crece el cielo por negación de las alas,
o como crece el sueño que nunca acaba de ser
y que llaman vida por muertes aciagas!

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Antonio José Trigo. Poeta, ensayista y pintor español, nacido en Lora del Río (Sevilla), el día 22 de abril de 1961. Ha colaborado con poemas, artículos y reseñas en diferentes periódicos y revistas de España y América Latina, como: Diario Córdoba (Córdoba); El Correo de Andalucía (Sevilla); El Mundo (Madrid); diario Ovaciones (México DF); diario El Nacional (México DF); diario Excelsior (México DF); Punto y Aparte (México DF); El Diario Español (Montevideo, Uruguay); diario La Patria (Manizales, Colombia); diario El Quindiano (Armenia, Colombia); diario La Religión (Caracas, Venezuela); Arbol de Fuego (Caracas, Venezuela); Revista Hispanoamericana (Cali, Colombia); La Cultura nel Mondo (Roma, Italia); revista Empireuma (Orihuela, Alicante); revista Kanora (Calarcá Quindío, Colombia); Gráfico de Xalapa (Veracruz, México); El Caracol Marino (Xalapa, Veracruz, México); revista Ritmo de Viento (Utrera, Sevilla); revista Cascadas de Polvo (Caicedonia Valle, Colombia); revista Aleph (Manizales, Colombia); Cuadernos de Roldán (Sevilla); Resto do Mundo (Fortaleza CE, Brasil); International Poetry Letter (Buenos Aires, Argentina); Correio do Minho (Braga, Portugal); revista Palimsesto (Carmona, Sevilla); revista Prometeo (Medellín, Colombia); revista Común Presencia (Santafé de Bogotá, Colombia); revista Canente (Málaga); Dos Filos (Zacatecas, México); Neblina (Calarcá-Quindío, Colombia); La Carpa (México DF); La Gaceta (Málaga); revista El Parnaso (Málaga); diario El Tiempo (Buenos Aires, Argentina); Luna Llena (Rivas-Vaciamadrid, Madrid); Prisma (Bogotá, Colombia); revista Hora de Poesía (Barcelona); revista Imagen (Caracas, Venezuela), Handschar (Revista de Historia y Pensamiento, Ponteceso, La Coruña), etc.

Ha publicado varios libros de poemas: “Rapsodia de lo oscuro ofreciente”, Colección Aquilea, Málaga 1989; “Otra manera de reír”, Suplemento antológico de Poesía Torre Tavira, Cádiz, 1989; “Estancia de los detenimientos”, Editorial Playor, Madrid, 1990; “Esquemas para una decoración del agua”, colección La Cuerda del Arco, Sevilla, 1990, “Reclamos y presencias del advirtiente”, Ediciones Vitruvio, Madrid, 1999. Habiendo sido algunos de sus poemas traducidos al francés y el portugués. Ha publicado también libros de ensayos: “La poesía fue una vez una realidad sin nombre, ahora es un nombre sin realidad”, Ediciones Volatinero, Sevilla 1991; “El poema está en las palabras, sólo hay que sacar lo que sobra”, Ediciones Abolays, Sevilla, 1991; “La sociedad posmoderna”, Editorial Claves Latinoamericanas (en coedición con el Instituto Politécnico Nacional), México DF, 1992; “Chechenia. Guía histórica y política”, Los Cuadernos del Aljarafe, Granada 1995; “Carta a un joven universitario”, Los Cuadernos del Aljarafe, Sevilla 1996; “La libertad es existencia (A propósito de cómo ser-en-comunidad)”, Ediciones Kalima, Sevilla, 1996; “Desde la Alcazaba (Indicaciones políticas para que la comunidad alcance su liderazgo)”, Ediciones Kalima, Sevilla 1999.

Ha publicado también una antología: “Testimonios (Antología de sonetos de Juan Cervera, 1957-1986)”, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), México DF, 1986. Y ha traducido numerosos poemas del poeta portugués Casimiro de Brito.

Fue editor y director de la revista de poesía “La Cuerda del Arco”, que publicó entre 1987 y 1995 cinco números, así como varias separatas y una colección de libros.

Como pintor ha expuesto en varias ocasiones, tanto individual como colectivamente.

martes 1 de diciembre de 2009

TRES POEMAS DE ARISTIDES VEGA CHAPÚ

Aristides Vega Chapú, Cuba












Conciencia de la pérdida.








Estoy a oscuras,
en el vacío espacio de lo que fue mi casa,
sobre las estáticas flores
de una loza tan antigua
como mi pasado.
Justo en el sitio
donde un caudaloso río se deshizo
de todos los peces
que con su ambición traspasaron los límites
fijados por el movedizo dibujo del agua.
Sucedió antes de que inundara mi casa,
la dividiera en dos
como un libro que se deja momentáneamente.
Bien sé que no he sido inocente,
ni siquiera me lo propuse
y ahora no espero perdón.
Estoy a oscuras,
sin pensar ni esperar de este tiempo
que fluye hacia un pasado inexistente.
La oscuridad desciende
desde una áspera franja de cielo
sin luna ni sol.
Bajo ella aguardo la señal
de los que alguna vez perdieron
el miedo a las pasiones
y fueron condenados sin piedad alguna,
no obstante su sentido común
sólo les permitió anhelar
lo que la luz de sus ojos convirtió
en predios posibles.











Esperanza del herido.








Para profundamente dormir
pongo el lado del dolor,
la herida que aún no ha cicatrizado,
frente al vacío perfecto de la noche.
No soy más que un herido de guerra
una guerra cuyo fin nunca es la muerte
sino el dolor,
un mutilado
que sólo cuenta con la fraternidad de la noche.
Quizás sea su invención
todo lo que disfrutar puedo
y nada exista
detrás de la aparente transparencia de sus velos,
azotados por el viento.
No dejo de buscar esperanzado
una desvaída estrella que mi deseo derribe.
Oculto en lo profundo,
como si estuviese encerrado en mí mismo
medito los errores, me perdono.
Una noche tan sedienta de luz
sólo podría acoger a los buenos
y en su efímero reinado no es posible morir.










Extraño sueño por el que despierto








Como el que asciende de las profundidades,
—falto de aire—,
despierto bruscamente.
No sabría oxigenarme
a través de la ingrávida transparencia,
creído de que serán mis últimas imágenes
del gobierno de Dios.
Incapaz de dialogar
sin el espejo que mis palabras traspasan,
dibujaré en su silencioso fondo
una estrella cuya plenitud será vista
en cualquiera de los cielos bajo los que despiertes.
Restauro mi vida con sueños,
el vacío que dejó
desocupada mi mala memoria.
Cada sueño posee su verdad y su héroe,
aunque yo nunca lo he sido
ni siquiera en los míos donde sólo me interrogo
como a un culpable.
Tal vez pueda comprender que soy muy joven
como animal de feria
desvanecido en el fondo de mi mano,
ninguna meta atemoriza
ni impide ver mi vida,
solo el sendero que husmeo para llegar a la casa
más allá de las fronteras
con que alguna vez soñé.

lunes 30 de noviembre de 2009

Tres poemas de Alberto Destéphen

Alberto Destéphen, Honduras











La Puerta








Entro…
la nostalgia baja de la madera,
la puerta tiene aroma;
polilla de nombres,
residuos que tocan mi corazón.
Letrero de “STOP”,
tedio de las calles
de los mismos nombres de las cosas.

Silencio entre ella y yo,
entre su mirada y mi soledad
Salgo…
siento el golpe de la cerradura
apretada a su pecho.
Llora mi ausencia
descubriendo
mi rostro en el espejo.

Del libro “palabras con tierra” ”, Alberto Destéphen (Honduras)










San Buenaventura








Detenido el reloj,
el cansancio de la iglesia
golpea
la campana del cerebro.

Como llanto de estrella
hacia el rojo,
las calles se esconden.
La luna somnolienta
languidece
en las perspectivas de las esquinas.

Las casas tiemblan
con ventanas
de ojos cerrados.
Las adolescentes,
con la luz dormida en su pecho,
lloran con olor a flores blancas.

Del libro “palabras con tierra” ”, Alberto Destéphen (Honduras)











Sacerdocio Nocturno








Cruces de dolor en mi pecho,
lucha de pasiones.
Tengo noches de lujuriosos declives
en las que sepulto mis penas.

No he de contener
la soberbia de mi tristeza.
Veo la claridad que se escapa
y mi furia de candado cerrado
abre cráteres solitarios.

Cabalgo en los horizontes de las sombras,
de mi espalda cuelgan las serpientes
de las que aprendo sin miedo.
Estas son noches frías y tenebrosas
y hago de la nostalgia
un sacerdocio nocturno.

Del libro “Raíces nocturnas” ”, Alberto Destéphen (Honduras)

domingo 29 de noviembre de 2009

Dos poemas de Héctor Hernández Montecinos

Héctor Hernández Montecinos, Chile









DECLAMAR







Ni mujer ni hombre
me siento doblegado a la ternura de ella
y a la virilidad de él
en medio de ambos escribo
enamorado de la complicidad y el camarada
con el cual bajo la noche
tintineamos los huesos junto a los pájaros
que ponen trampas al deseo y la hendidura

En este sentido el Amor va más allá de lo físico
pero más acá del placer
y quizá sea una sola cosa con la amistad y el arte
es decir el amor a veces calienta
en especial cuando comienza o se sabe que va a terminar
ya no sé cuánto confío en él
porque exige propiedad capitalista
y el mercado lo ha convertido en un corazón pintado de rosa
la Amistad es mejor
nadie se da cuenta como llega a excitarse
con ciertos gestos o palabras
en una playa una fiesta o una fría sala
además todo queda como un pacto de amigo
y nadie se hace mayor problema
por último
en el Arte
uno puede ser un monstruo
y siempre habrá alguien que le gustó lo que escribes
y quiere quedarse contigo
nunca faltan los flaquitos tiernos
o lo que para Alan son las gorditas agradecidas

La poesía tiene su público
y los que se lamentan son cobardes
o están deslumbrados con el éxito
todos escribimos desde la necesidad y el hecho de estar solos
y cuando alguien se calienta con eso
se rompe el círculo vicioso y al frote

Nada más exquisito hay que después de una lectura
se acerque un chico a hablar cualquier cosa de la poesía
y terminar con él en el horizonte de la habitación
donde fueron escritos esos poemas que tanto le gustaron
al amanecer se irá y el uno podrá dormir un rato
pero al despertar los ojos llenos de lágrimas
pues en ellas están todas las ganas
de irse con ese muchacho
pero nunca es así

Un poema dura una sola noche
nada más
un libro puede ayudar para que él
no olvide tu nombre
porque casi siempre regresan donde sus hermanas carnívoras
a desentenderse del oficio de la literatura
y todo lo que ha significado
el culo blanco que es el libro mismo
el beso de los testículos
y la Vía Láctea

Las palabras suelen quitarle muerte a las cosas
a la vida misma
y nada tiene que ver con la propiedad
pues no son de nadie pero tampoco son mías
así como el río o las nubes
entran en el mar o a la noche
uno quisiera morirse dentro de alguien
siguiendo las señales del camino
que apuran o reducen la velocidad
para perderse en lo profundo de una piel
más suave que una pluma
que lleva donde uno no sabe
que también puede irse
Escribir
entones
es más que unas íntimas preguntas
o un montón de pajas mentales
tiene que ver con convertirlo a uno en primo de sus lectores
y hermano con el que de ellos te acuestas
la poesía invierte los papeles
y perder significa perderse con alguien
emocionado y dispuesto
a amarlo solo una noche pero necesitarlo al día siguiente
porque los cuerpos se quedan en uno
y al escribir todo se aleja
con las ganas no cumplidas de que los poemas
entren en la boca y no vuelvan a salir








EL FIN DEL TIEMPO







Escribo cada palabra como si fuera un oráculo
una predicción para el Libro de los Muertos
o para un capítulo de la Biblia
que no hable de asesinatos e idolatría
de algún modo el Laberinto es también
un libro cuya entrada es la misma salida
y descifrar su secreto es quedarse a vivir allí
como si se tratase del cuerpo del amado
antes de matarlo con el filo de una mirada
y no arrepentirse

Leer ahora a Homero por ejemplo
es ver una película que nunca se acabe
ciudades vueltas polvo y ceniza
amores y sus criminales coitos
miedo y dolor pues
todo mito es un lugar común el día de hoy
y los lugares comunes son una forma de hablar
de la muerte pero sin nombrarla
por eso todo cementerio es un libro y un laberinto
tal como lo es el océano el cielo
y el cuerpo hermoso del amigo antes de la traición
que significa enamorarse
pues allí ya no hay nada más que las ganas de
morirse juntos
como si acaso ese efímero adversario no fuera más que uno mismo

Beberé todo el día y al anochecer
saldré a cambiar los poemas escritos por botellas de cerveza
que también quedarán inéditas porque ya no las recordaré
se esfumarán como un espejismo
en un baño húmedo y sucio
donde un muchacho te guiñará un ojo
y no querrá saber nunca cuál es tu nombre
más tarde las estrellas veremos por última vez
y habrá que seguir olvidando

Los poemas desean al cuerpo de su arte
necesitan esta vida
que se escapa sorbo a sorbo
noche a noche incontables
y más allá de estos instantes que no volverán
se presiente el fin
como un recuerdo para después de mi tiempo
este poema

sábado 28 de noviembre de 2009

Dos poemas de Hilda Henríquez de Flores

Hilda Henríquez de Flores, El Salvador








LA NUEVA LUZ





Mi vida se volvió nueva y ahora
Una inefable luz en mi reposa,
Mi pulso de armonía se colora
Un renacer alado en mí rebosa.

Una infinita voz he descubierto
Palpitando en la estrella que lejana
Revela el encantado eco de un huerto
Cuyo acento es palabra y filigrana.

Como si el alma me sonríe siento,
Cuando la voz inmensa de las cosas
Me habla con el lenguaje de las rosas.

Éste bien de los cielos que presiento
De la poesía es numen sublime,
Ahora anida en mi alma y me redime.









LA MUERTE DEL ARCO IRIS






Un manto de carbono insostenible
Abraza a la ciudad con saña
Implorando al cristal, los árboles se mueren
Y se llevan del agua los misterios.
En las calles se asfixia la sonrisa de los niños.
El trajín aleve del metal,
Ondeando su fiebre cotidiana
Me asedia y me doblega.
Frente a mi ventana
La muerte del arco iris se desnuda
Coronada por pálidos celajes
Y un réquiem de nostalgia ensombrecido.
Para recrear el principio de la vida
Invoco un cáliz de palabra y tiempo,
Busco la puerta de signos y presagios,
Develo el fuego de rosas y raíces.